La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina
Termino esta segunda novela de la trilogía Millenium con una sensación parecida a la que me dejó la anterior, sólo que en esta Stieg Larsson acentúa algunos de sus defectillos (alargar demasiado el desarrollo, entrar en detalles que no vienen a cuento) y muestra, quizás, algún otro (contar varias veces los mismos descubrimientos para las distintas líneas de investigación). Sin embargo, no es una mala novela. De hecho, olvidándonos de estos pequeños detalles, creo que es bastante buena.
En Millenium 2 aparecen nuevos personajes (Zala, Bublanski, Ëkstrom) y se recuperan otros (D. Armanskij, H. Palmgrem, Harriet Vanger), pero en esencia se sigue presentando un mundo de buenos contra malos. Se mantiene el mismo tono de denuncia social, representado en la mentalidad machista y el sensacionalismo. No olvidemos que Mikael Blomkvist y Salander son personas con ideales, difícilmente corrompibles. Particularmente interesante resulta poder conocer por fin el pasado de Lisbeth, sus orígenes y qué fue «Todo Lo Malo» que ocurrió en su preadolescencia.
Es una obra que engancha. O mejor dicho, Lisbeth es un personaje que crea adicción.









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