Lecturas de verano
Como cada año, el verano es la fecha en que desempolvo la estantería para terminar, o más bien comenzar, la lectura de las obras que por h o por b han acabado allí. Nunca he sido un gran lector, aún cuando al acabar los veranos siempre me prometa realizar esta actividad con mayor frecuencia.
Esta vez han sido dos obras muy dispares las que he tenido la oportunidad de disfrutar: “Los Pilares de la Tierra”, de Ken Follett, y “El niño con el pijama de rayas”, de John Boyne. Ambas consideradas best-sellers.

"Los Pilares de La Tierra", de Ken Follet
“Los Pilares de la Tierra” es la historia del nacimiento de la ciudad de Kingsbridge, contada desde la óptica de una familia de constructores que vive con la obsesión de construir una gran catedral, los Builder. Sin embargo, su objetivo se ve frenado una y otra vez por la barbarie, la crueldad y el sadismo que sufren continuamente los habitantes de aquella población.
En la novela encontré algunos puntos interesantes, que incluso serían dignos de discusión, como la conveniencia o no de que un niño se críe en un monasterio, un recinto prácticamente cerrado, donde no hay niños, rodeado de gente mucho mayor que él y bajo una doctrina que le aísla del común de la sociedad, o el significado de la fe.
Dos fragmentos que encontré especialmente entretenidos fueron el que narran el encuentro amoroso entre Jack y Aliena (págs. 679-686) y el ataque infructuoso de William Hamleigh contra Kingsbridge. Pero a pesar de que el estilo narrativo de Ken Follet me pareció de lo mejor que he encontrado (debe ser muy difícil utilizar las descripciones en su justa medida), la historia se me hizo larga, muy larga. Demasiadas páginas, casi 1.100, de situaciones angustiosas, pugnas y edificaciones.
Mi nota: 





"El niño del pijama con el rayas", de John Boyne
A diferencia de la lectura anterior, “El niño con el pijama de rayas” no pasa de las doscientas-y-poco páginas a letra mediana y se puede leer casi del tirón. Es una narración simple, sin mucha profundidad, hecha desde la inocente óptica de un niño de nueve años, Bruno, hijo de un oficial nazi que se muda con su familia a las inmediaciones de un campo de concentración del Holocausto.
De una forma muy similar a como ocurría en la película “La vida es bella“, la familia de Bruno deforma la realidad para ocultarle las atrocidades que tienen lugar a tan sólo unos metros de su nueva casa. Pero con una diferencia, la familia de Bruno no es judía sino nazi y, por tanto, no vive con el miedo a ser asesinado en cualquier momento. En cualquier caso, el final de la historia quizás les ayudase a abrir más los ojos.
Mi nota: 












Comentarios recientes