Acabo de llegar del cine. Hemos ido sin ninguna pretensión particular, se trataba de aprovechar una promoción 2×1. Escogimos “Hazme reír” (Funny People).

Cartel de "Hazme reír", de Judd Apatow
Es una historia que trata de mostrarnos las dos caras de un personaje público, George Simmons, un cómico muy popular que esconde bajo su fachada pública un carácter privado totalmente opuesto a lo que la gente se puede pensar de él: sin amigos, alejado de su familia… La vida desagradable vida de George se ve sacudida cuando le diagnostican una extraña forma de leucemia cuyas expectativas de cura son pocas. En ese momento traba amistad con un joven cómico que está dando sus primeros pasos en el mundo del espectáculo, contratándole para que le escriba algunos chistes. Pero pronto se convertirá en su único amigo (pagado, claro está.), haciéndole único conocedor de la enfermedad que padece.
No esperaba gran cosa de esta película: algún momento ñoño, una par de carcajadas y poco más. Lo normal en las películas de Adam Sandler. Sin embargo, lo poco que se movió mi mandíbula fue para beber agua, no para reír.
Con semejante reparto se podría haber hecho algo más divertido ó, si la intención era incluir algo dramático, más creíble. Las apariciones estelares de amigos del espectáculo (Eric Banna, Eminem, Ray Romano, etc) no justifican tampoco las 2 horas y 20 minutos de proyección.
Mi nota:





Escrito por Orlando el 13 sep 2009 | Archivado como cine | Comentar
Como cada año, el verano es la fecha en que desempolvo la estantería para terminar, o más bien comenzar, la lectura de las obras que por h o por b han acabado allí. Nunca he sido un gran lector, aún cuando al acabar los veranos siempre me prometa realizar esta actividad con mayor frecuencia.
Esta vez han sido dos obras muy dispares las que he tenido la oportunidad de disfrutar: “Los Pilares de la Tierra”, de Ken Follett, y “El niño con el pijama de rayas”, de John Boyne. Ambas consideradas best-sellers.

"Los Pilares de La Tierra", de Ken Follet
“Los Pilares de la Tierra” es la historia del nacimiento de la ciudad de Kingsbridge, contada desde la óptica de una familia de constructores que vive con la obsesión de construir una gran catedral, los Builder. Sin embargo, su objetivo se ve frenado una y otra vez por la barbarie, la crueldad y el sadismo que sufren continuamente los habitantes de aquella población.
En la novela encontré algunos puntos interesantes, que incluso serían dignos de discusión, como la conveniencia o no de que un niño se críe en un monasterio, un recinto prácticamente cerrado, donde no hay niños, rodeado de gente mucho mayor que él y bajo una doctrina que le aísla del común de la sociedad, o el significado de la fe.
Dos fragmentos que encontré especialmente entretenidos fueron el que narran el encuentro amoroso entre Jack y Aliena (págs. 679-686) y el ataque infructuoso de William Hamleigh contra Kingsbridge. Pero a pesar de que el estilo narrativo de Ken Follet me pareció de lo mejor que he encontrado (debe ser muy difícil utilizar las descripciones en su justa medida), la historia se me hizo larga, muy larga. Demasiadas páginas, casi 1.100, de situaciones angustiosas, pugnas y edificaciones.
Mi nota:






"El niño del pijama con el rayas", de John Boyne
A diferencia de la lectura anterior, “El niño con el pijama de rayas” no pasa de las doscientas-y-poco páginas a letra mediana y se puede leer casi del tirón. Es una narración simple, sin mucha profundidad, hecha desde la inocente óptica de un niño de nueve años, Bruno, hijo de un oficial nazi que se muda con su familia a las inmediaciones de un campo de concentración del Holocausto.
De una forma muy similar a como ocurría en la película “La vida es bella“, la familia de Bruno deforma la realidad para ocultarle las atrocidades que tienen lugar a tan sólo unos metros de su nueva casa. Pero con una diferencia, la familia de Bruno no es judía sino nazi y, por tanto, no vive con el miedo a ser asesinado en cualquier momento. En cualquier caso, el final de la historia quizás les ayudase a abrir más los ojos.
Mi nota:






Cartel de Saraband (2003)
Anoche estuve viendo en La 2 una de esas películas que el canal estatal sólo es capaz de dar en horario de madrugada a pesar de que su oferta no sea en muchas ocasiones mejor, Saraband
En Saraband, Ingmar Bergman, uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo XX, traza una obra de arquitectura musical, con diez movimientos, un preludio y una coda. Agrupa a los personajes de dos en dos (la zarabanda era una danza por parejas en la que el hombre y la mujer iban acercándose y alejándose insinuantemente).
De esta forma Bergman nos cuenta un verdadero lío de infidelidades y tensiones donde se ven implicadas 3 generaciones familiares.
A mis ojos, la película es una auténtica obra maestra, con diálogos llenos de fina ironía y dobles intenciones, personajes profundos y misteriosos, unas actuaciones dignas de mención y un manejo de la cámara estelar. Quizás algo lenta en algunos momentos, pero igualmente interesante.
No reconocí el estilo de Bergman, por lo que creo que es la primera y única obra suya que he visto. Quizás vaya siendo oportuno que vea alguna de sus oscarizadas obras, aunque tengan ya 30 años.
Mi nota:





Escrito por Orlando el 02 sep 2009 | Archivado como cine | Comentar
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