Del cambio del lenguaje y demás desvaríos
En el lenguaje que actualmente utilizamos para comunicarnos, tan influenciado por Internet y en general de los medios de comunicación, hemos creado y adoptado nuevas palabras sin saber siquiera su significado completo o sus otras connotaciones. Desde el cansino “xD” (equivalente a un “Por Dios!”, que en cristiano sería algo así como reirse a carcajadas) a composiciones más complejas como “a ver si logro resetear el chip” (algo así ponerse en situación). Parece claro que la globalidad está cambiando nuestros usos.
A quién no le ha pasado alguna vez me que el uso de vocablos no tan tradicionales han terminado derivando en problemas de comunicación con otra persona. A mi sí, al menos. Y lógicamente estos fallos de comunicación/recepción tienden ha producirse cuanto más distintos son los individuos, o lo que es lo mismo, más me alejo de mi grupo habitual.

Proceso de comunicación
Y tampoco os penséis que intento ser más “guay” añadiendo nuevos registros a las conversaciones, más bien ocurre que tarde o temprano las palabras terminan grabándose en mi mente, como si al final de todo resultase ser yo un loro. Aunque claro, visto el peligro que tienen los loros, lo mismo termina siendo indicativo de con quién he estado.
Por ejemplo, imaginaros que tengo una amante por ahí escondida que la pobrecita es muy extravagante hablando. ¿Qué creéis que pasaría si empezara a usar sus expresiones en casa…? ¡BOOOOM! La cosa podría ser aún peor si la amante fuera alguien conocido, por ejemplo, la típica amiga de tu pareja… Por suerte para los que tengan amantes, no se suele prestar tanta atención a los detalles del lenguaje hablado como a su semántica.








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